El podcast de David Esteban Cubero sobre el mundo del guion
El artículo 725. Cómo escribir un plano secuencia como en Adolescencia se publicó primero en David Esteban Cubero.
Una de las cosas que llaman más la atención de la serie del momento, Adolescencia, es que cada uno de los cuatro episodios está hecho en un plano secuencia. Estamos hablando de episodios que duran entre 50 minutos y una hora. ¿Cómo influye en el guion escribir un plano secuencia tan largo? ¿Cómo lo hicieron en Adolescencia para tener un resultado tan espectacular? Hoy os explico los diez pasos a seguir. Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas.
Y en cursosdeguion.com tenemos una novedad. Uno de los mayores problemas de los guionistas es la soledad. Por eso voy a crear un espacio para los suscriptores en el que vernos las caras todos los meses para compartir proyectos, resolver dudas, hacer networking, intercambiar consejos y conocer concursos y convocatorias. Este espacio se llama Writers´Room. La idea es comenzar el martes 8 de abril a las 19 h de España. En la web encontraréis el enlace de Zoom con el que acceder a la conexión en la pestaña de Writers´room que hay en la parte inferior de la web. Ahí estaré yo para escuchar vuestras historias, resolver cualquier duda o plantearos las mías. Nos vemos.
La serie Adolescencia de Netflix ha llamado la atención no solo por su temática sensible y actual, sino por la audaz decisión formal de narrar cada episodio en un único plano secuencia. Pero esta no es solo una apuesta estética: es una decisión de guion profundamente coherente con lo que se quiere contar.
El plano secuencia, en este caso, no es una acrobacia técnica, sino una forma de sumergir al espectador en la experiencia de los personajes. Si estás pensando en escribir un guion que utilice este recurso, aquí tienes un paso a paso para hacerlo con sentido narrativo y emocional.
No todo guion necesita un plano secuencia. Antes de dejarte seducir por lo impresionante del recurso, piensa: ¿qué gana mi historia al contarse sin cortes? En Adolescencia, el plano secuencia potencia la inmersión emocional. La sensación de estar encerrado en tiempo real con el personaje refuerza temas como la ansiedad, la violencia latente, el aislamiento social. La técnica se convierte en parte del tono. Así que lo primero es alinear la forma con el fondo.
El plano secuencia puede servir para aumentar la tensión, para mostrar una progresión sin descanso o para transmitir una vivencia subjetiva e ininterrumpida. También puede ser útil para reforzar la sensación de rutina (cuando algo se repite) o de ruptura (cuando algo irrumpe en lo cotidiano). Lo importante es que no sea un capricho. Si lo eliges, que sea porque potencia lo que estás contando. Un guion no necesita lucirse: necesita conectar.
En el primer episodio de Adolescencia seguimos toda la acción de la detención de un menor acusado de asesinato, el traslado a la comisaría, todos los pasos y procedimientos del ingreso de un menor retenido. Al estar contado en plano secuencia realmente sentimos que estamos ahí, con ese menor, y empatizamos mucho con él. Por eso cuando vemos el vídeo es tan impactante.
El plano secuencia suele implicar tiempo real. Lo que dura la escena o el episodio es lo que dura la acción. Esto elimina el montaje como herramienta de ritmo, pero a cambio te da una poderosa sensación de urgencia, continuidad y progresión. Cada minuto cuenta. No puedes saltar al “después” ni resumir lo que pasó con un corte: todo debe pasar ante nuestros ojos.
Esta decisión tiene consecuencias dramáticas. Obliga a que todo lo que ocurra en escena tenga sentido y peso narrativo. Si hay un silencio, es porque ese silencio está diciendo algo. Si el personaje espera en una sala vacía, es porque esa espera revela algo esencial. El tiempo real, bien manejado, genera una tensión particular: todo está ocurriendo ahora, y nada puede detenerse. Es una escritura que exige concentración absoluta.
El tercer episodio contempla el encuentro entre una psicóloga y el joven acusado. Estamos con ellos los 50 minutos del encuentro. Pasamos juntos por los momentos de tanteo, relajo, tensión, explosión y vulnerabilidad del joven. No hay elipsis. Todo tiene peso en la historia. Por eso cuando la psicóloga se consigue relajar al final entendemos la tensión que ha tenido en la historia.
El espacio, en un plano secuencia, es casi un personaje más. No puedes hacer saltos geográficos, así que necesitas diseñar un entorno en el que la acción se pueda desarrollar de manera fluida, orgánica, continua. Un instituto, una casa grande, una planta de oficinas, una calle del barrio. Lugares con suficiente variedad, pero con lógica interna. El espectador debe sentir que ese espacio tiene sentido.
Además, el espacio tiene que acompañar emocionalmente al personaje. No solo debe ser funcional, sino simbólico. En Adolescencia, los pasillos del instituto no son neutros: son laberintos, son cárceles, son zonas de presión constante. Los espacios abiertos pueden ser tan opresivos como los cerrados si están bien escritos. El guion debe tener en cuenta cómo cada puerta, cada giro, cada cambio de ambiente modifica el tono de la escena.
En cada episodio de Adolescencia hay un gran espacio central: la comisaría, el instituto, el centro de reclusión o la casa de la familia protagonista. Pero no se limita solo a ellos. Hay traslados en los que seguimos a los personajes de un sitio a otro. Unas veces vemos a los coches desde fuera, con tomas aéreas, y otras desde dentro, siguiendo los diálogos de los personajes. El making off del rodaje nos muestra la dificultad de pasar la cámara de un operador a otro o cómo la fijan en un dron sin cortar la acción. Hay virtuosismo técnico pero va al servicio de la narración.
El plano secuencia obliga a elegir desde qué punto de vista se cuenta la historia. La cámara, sin cortes, se convierte en una especie de conciencia flotante que sigue a un personaje. Eso genera una fuerte identificación: el espectador se convierte en testigo privilegiado de su recorrido, sus decisiones, sus emociones. No puedes mostrar lo que pasa en otra habitación si tu protagonista no está ahí. Y eso, lejos de ser una limitación, puede ser una gran virtud narrativa.
En Adolescencia, hay episodios que adoptan puntos de vista de personajes distintos, pero siempre manteniendo la regla: una sola cámara, un solo recorrido, una sola conciencia. Eso permite explorar distintos lados del conflicto general (el asesinato, la cultura adolescente, el entorno escolar, la familia) sin perder coherencia formal. Puedes escribir un episodio desde el punto de vista de la víctima, otro desde el del acosador, otro desde el de un testigo. El punto de vista no es solo una elección técnica: es una apuesta ética.
Además, puedes elegir momentos donde abandones a tu protagonista y muestres otros personajes. Importa lo que vemos y lo que no vemos. Mientras que en los dos primeros episodios seguimos principalmente al policía, en el siguiente será a la psicóloga y en el último al padre de familia. Pero también los abandonamos a veces para ver qué les pasa a otros personajes y los retomamos más adelante.
Un error común es pensar que un plano secuencia necesita estar lleno de acción para no aburrir. Pero no se trata de eso. Lo que necesita es ritmo. Y el ritmo se construye con tensiones, giros, sorpresas, pausas estratégicas. El guion debe tener una progresión dramática clara, aunque esté construido con silencios, con miradas, con roces. Cada elemento debe estar al servicio de ese flujo emocional.
Piensa tu guion como una coreografía: todo está en movimiento, incluso cuando los personajes están quietos. Hay que alternar momentos de intensidad con otros de respiro, sin perder la tensión subyacente. El ritmo puede venir de una conversación, de una mirada sostenida, de una puerta que no se abre. Pero nunca puede venir del corte: todo debe estar en el presente, evolucionando frente a nuestros ojos.
También puedes sorprender con sucesos inesperados, como la alarma de bomba en el instituto o el ataque de ira en la charla con la psicóloga. Son momentos donde se cambia el ritmo de la escena incrementando la tensión.
Si estás escribiendo una serie, una forma de mantener fresco el recurso es cambiar el foco en cada episodio. Adolescencia lo hace con brillantez: cada entrega sigue a un personaje diferente, lo que permite abordar un nuevo conflicto o una nueva perspectiva del conflicto central. Así, el plano secuencia no se vuelve repetitivo, sino que se renueva con cada mirada.
Esto te permite mantener la coherencia formal (un solo plano secuencia por episodio) y, al mismo tiempo, desarrollar un mosaico narrativo complejo. Cada personaje arrastra su historia, su tono, su conflicto. Eso da variedad emocional y permite que el espectador construya una visión poliédrica del tema general. El guion se convierte así en una serie de monólogos coreografiados, que se responden entre sí sin necesidad de cortar.
En los dos primeros episodios de Adolescencia vemos el punto de vista del policía que detiene al acusado e investiga las razones del crimen. Al tener un hijo en el instituto donde van la víctima y el acusado, también vemos cómo le afecta como padre. El tercer episodio se centra en el acusado y los intentos de la psicóloga de entenderlo para dar un veredicto. Y el cuarto episodio se centra en la familia del acusado y las consecuencias que el fecho ha tenido en sus vidas. Se elige que este sea el último porque ayuda a dar el mensaje de los autores con la serie, que es que los padres se pregunten si debían haber hecho algo más para evitarlo.
En un guion tradicional, puedes saltar de una escena a otra y presentar a un nuevo personaje en cualquier momento. En un plano secuencia, cada encuentro debe estar cuidadosamente diseñado. Si un personaje entra en escena, tiene que haber una razón narrativa y emocional para ello. No es solo alguien que pasa: es alguien que empuja la historia hacia otro lugar.
Los encuentros son puntos de inflexión. Un profesor que interrumpe una conversación, una mirada cómplice entre dos alumnos, una confrontación inesperada. Cada aparición debe transformar algo: el rumbo físico, la emoción dominante, la relación entre personajes. Como no puedes cortar, los giros tienen que venir desde dentro, desde la interacción. Eso exige escribir cada aparición como si fuera una mini escena dentro del flujo continuo.
El episodio donde más se ve esto es el del instituto. Cada cruce de los policías con algún profesor o alumno aporta a la narración y a ayudar a desvelar el misterio de las motivaciones de Jamie para realizar el asesinato.
En vez de apostar por un gran clímax al final, el guion en plano secuencia trabaja mejor con una tensión constante. El clima de inquietud, de peligro, de incomodidad, se construye desde el minuto uno y no se suelta. No hace falta que haya una pelea o un disparo: basta con que el espectador sienta que algo está por pasar y no sabe cuándo ni cómo.
Eso exige una escritura muy afinada. El subtexto se vuelve clave: lo que no se dice, lo que se oculta, lo que se sugiere con una mirada o un silencio. El espectador debe estar leyendo las señales como un detective emocional. En ese sentido, escribir un plano secuencia es más parecido a escribir una escena de suspense que una de acción. La tensión está en el aire, no en los golpes.
Uno de los mayores logros de Adolescencia es la ambigüedad moral de sus personajes. Nadie es completamente bueno ni completamente malo. El plano secuencia, al eliminar el montaje manipulador, deja al espectador solo frente al comportamiento de los personajes. Y eso obliga a mirar con más atención, a juzgar menos y a sentir más.
Tu guion puede jugar con esa ambigüedad. Mostrar contradicciones, dudas, errores, impulsos confusos. El plano secuencia no te permite esconder nada, pero tampoco te obliga a explicarlo todo. Eso genera una ética narrativa muy poderosa: el espectador no recibe respuestas cerradas, sino preguntas abiertas. Y eso, cuando se trata de temas delicados, puede ser mucho más valiente.
Uno de los lados que eligen no desarrollar en la historia es la historia de la víctima. Sabemos poco de ella, de su familia. Tan solo se la ve en alguna foto. Ella está muerta y no se puede defender. Tan solo sabemos lo que otros dicen de ella.
El plano secuencia no permite un fundido a negro con música emocional. Necesita un final claro, seco, preciso. Una imagen que se quede grabada, una frase que resuma el viaje, una puerta que se cierra. El último plano tiene que funcionar como una conclusión emocional, aunque no lo sea racionalmente.
Ese final debe estar escrito desde el principio. Tiene que ser el destino natural del recorrido, pero también una pequeña sorpresa, una revelación. No puede sentirse forzado. Si has construido bien el camino, el final será inevitable. Y, como no puedes cortar, tiene que ser una imagen que diga todo sin decirlo todo. Como un último latido antes del silencio.
El final de la serie, con el padre de Jamie llorando en la habitación de su hijo que se ha declarado culpable es bestial. Habla de la impotencia del personaje y su desgarro: “Lo siento hijo, debí hacerlo mejor.”
El artículo 725. Cómo escribir un plano secuencia como en Adolescencia se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 724. Técnicas de inicio: La imagen inicial se publicó primero en David Esteban Cubero.
La pluma mecida por el viento de Forrest Gump, el ojo que se abre de Lost, el huevo que se duplica en La Sustancia. ¿Por qué comenzar una película con una imagen es un recurso tan poderoso? ¿Qué pasos debemos seguir si queremos encontrar la imagen inicial perfecta para nuestra historia? Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas.
Y para los miembros de la academia de cursosdeguion.com hay una masterclass nueva que va a ser muy reveladora. La Masterclass “El suspense en el guion: cómo enganchar al espectador” explora las claves para construir tensión y mantener al público atrapado en la historia. A través del análisis de Hitchcock, Nolan, Shyamalan y Fincher, explicaré la diferencia entre sorpresa y suspense, el manejo de la información y técnicas para estructurar escenas llenas de tensión. Además, muestro herramientas narrativas como la cuenta regresiva, el subtexto y la escalada de conflictos para crear un guion que mantenga al espectador al borde de su asiento.
La imagen inicial es la primera imagen significativa que el espectador observa en una película. Se trata de un recurso narrativo cuidadosamente escogido, diseñado para establecer rápidamente el tono, el género, el contexto emocional y los temas centrales que la historia abordará a lo largo del relato.
No es simplemente la primera escena, sino una imagen simbólica, poderosa visualmente, que encapsula elementos esenciales del argumento, los conflictos o los personajes principales, ofreciendo al espectador una especie de “llave visual” con la que interpretar lo que vendrá después.
Esta primera impresión puede variar en forma: puede ser una imagen estática cargada de simbolismo, una secuencia visual sugestiva que plantea preguntas en la mente del espectador, o una acción concreta que revela de manera sintética la situación inicial del protagonista o el entorno en el que se desarrollará la acción. La clave radica en que, sea cual sea su forma, la imagen inicial funciona como un portal narrativo, un punto de partida que influirá decisivamente en cómo el público percibe, interpreta y conecta emocionalmente con el resto de la película.
La elección de la imagen inicial es crucial porque establece un contrato implícito con el espectador. En pocos segundos, determina las expectativas, el estilo visual, y la atmósfera emocional que acompañará toda la experiencia narrativa. Una imagen inicial poderosa y bien elegida tiene la capacidad de captar inmediatamente la atención del público, generando curiosidad, emoción o intriga, y orientando sutilmente la percepción del espectador hacia los temas y conflictos que se explorarán más adelante en la película.
Además, una buena imagen inicial permite establecer claramente el tono y el género del filme: desde el dramatismo serio de una tragedia histórica hasta la tensión inquietante de un thriller psicológico, pasando por la ligereza juguetona de una comedia romántica. El espectador utiliza esta primera imagen para anticipar el viaje emocional que emprenderá durante la película.
Finalmente, desde el punto de vista narrativo, una imagen inicial eficaz también puede resonar poderosamente con la imagen final, creando una simetría visual y emocional que refuerza la coherencia interna de la historia. Este recurso circular no solo potencia el impacto del cierre narrativo, sino que permite reflexionar sobre la evolución del protagonista o el tema central del relato, proporcionando así una sensación de plenitud y satisfacción emocional al espectador.
La película se abre con la imagen misteriosa y simbólica de un letrero de «No Trespassing» en la mansión Xanadú, seguida de la muerte de Kane pronunciando su enigmática palabra: «Rosebud». Esta imagen inicial establece inmediatamente misterio, curiosidad y el motor narrativo principal del filme.
Kubrick comienza con una secuencia visual imponente de la Tierra vista desde el espacio, seguida de la memorable aparición del monolito ante los primeros homínidos. Esta imagen inicial no solo es impactante visualmente, sino que define el tema central de evolución, inteligencia y el misterio de la existencia humana.
La imagen inicial es el rostro en penumbra de Bonasera, quien pronuncia las palabras: «Creo en América». Esta imagen establece inmediatamente la temática central sobre los valores familiares, el poder y la corrupción dentro del sueño americano, al mismo tiempo que introduce la atmósfera sombría y elegante del filme.
La primera imagen es una selva en llamas combinada con el rostro del protagonista (Martin Sheen) mientras suena «The End» de The Doors. Esta imagen no solo establece el tono de pesadilla y locura de la guerra, sino que también refleja visualmente el caos emocional interno del protagonista.
La película comienza con una pluma blanca que flota suavemente en el aire hasta llegar a los pies de Forrest, sentado en un banco. La imagen establece inmediatamente el tema del destino, la inocencia, y la naturaleza aparentemente aleatoria del viaje que está por comenzar.
La película comienza con la imagen infantil de Carl en el cine, fascinado por la aventura del explorador Charles Muntz. Esta primera imagen representa directamente el sueño, la aventura y la nostalgia que definirán emocionalmente toda la historia.
La imagen inicial de esta película es la ventana semi-sótano desde la que la familia protagonista observa su vida precaria y limitada. Visualmente, establece inmediatamente el tema de la desigualdad social, la desesperación y la necesidad de escapar hacia arriba.
La imagen inicial parodia con humor la secuencia inicial de 2001: Una odisea del espacio, pero mostrando a niñas pequeñas jugando con muñecas tradicionales hasta que aparece Barbie como una figura transformadora y revolucionaria. Esto anticipa con ironía y claridad la reflexión crítica sobre el rol de la mujer en la sociedad y la identidad femenina.
La película comienza con la imagen de un huevo sobre una superficie. Una aguja inyecta una sustancia en la yema del huevo y… de repente se duplica, saliendo otra yema a su lado. Una metáfora de lo que pasará después con la protagonista que, al inyectarse la sustancia, verá cómo le aparecerá una doble, pero más joven.
La serie Lost comienza con un primer plano cerrado del ojo de Jack Shephard, que se abre repentinamente. Jack yace desconcertado, tumbado boca arriba en medio de una selva exuberante y desorientadora. Vemos el ojo dilatado por el miedo, la confusión y la sorpresa. A continuación, la cámara se abre y nos revela poco a poco que Jack se encuentra en medio de un caos absoluto, con sonidos alarmantes a su alrededor: gritos, ruidos de turbinas, explosiones lejanas… para luego descubrir que acaba de sobrevivir a un dramático accidente de avión.
Esta imagen inicial, con ese ojo que se abre abruptamente en medio del caos, establece inmediatamente un tono intenso, desconcertante y lleno de misterio. La apertura súbita del ojo sugiere un despertar brusco, una pérdida de control y desorientación absoluta, preparando al espectador para una experiencia cargada de incertidumbre y tensión dramática. Es decir, este primer instante establece una sensación emocional inmediata que define la atmósfera angustiante y llena de suspenso que marcará toda la serie.
Desde su primera imagen, Lost define claramente su género híbrido: drama con tintes de misterio, aventura y elementos fantásticos. Esta imagen inicial, además del caos inmediato, apunta claramente a la supervivencia como elemento central. El plano cerrado del ojo, combinado con la posterior revelación de la catástrofe, establece desde el primer segundo la narrativa como un drama humano en situaciones extremas, pero también plantea interrogantes que introducen elementos del thriller psicológico y el misterio. Posteriormente, a medida que avance la historia, esos elementos fantásticos y misteriosos, introducidos sutilmente desde el inicio, irán creciendo hasta definir su identidad narrativa.
Este momento inicial conecta inmediatamente con varios de los grandes temas de Lost:
En definitiva, la imagen inicial de Lost —el icónico primer plano del ojo que se abre de Jack Shephard— no es casualidad ni simple efecto visual. Es un recurso narrativo cuidadosamente diseñado que sintetiza con enorme efectividad el tono de misterio, el género híbrido dramático-aventurero y los temas existenciales y filosóficos que dominarán toda la serie. Esta imagen, además, anticipa la naturaleza simbólica de la narración, donde cada personaje deberá abrir los ojos, literal y metafóricamente, para entender quiénes son realmente y qué sentido tiene su vida en la isla.
El primer paso consiste en definir con precisión la esencia de lo que quieres contar. Pregúntate qué género predomina en tu historia (drama, comedia, suspenso, ciencia ficción, etc.) y cuál es el conflicto principal que mueve la trama. Además, identifica claramente el tema central que deseas explorar y comunicar a través de tu relato.
Determina también quién es tu protagonista, cuál es su motivación principal y qué tipo de transformación atravesará a lo largo del relato. Este trabajo inicial de claridad narrativa es clave, pues te dará los elementos necesarios para elegir después una imagen inicial que sea representativa, potente y significativa para tu historia.
En este paso debes generar una lista de palabras clave que evoquen imágenes visuales y símbolos relacionados con los elementos esenciales que ya definiste: tema, conflicto, género y personaje. La finalidad es obtener ideas visuales fuertes, claras y potentes que puedas usar como punto de partida creativo.
Por ejemplo, si tu tema es la soledad, tus palabras clave podrían ser imágenes visuales como «ventana vacía», «silla solitaria», «casa abandonada», o símbolos más abstractos como «reloj detenido». Esta lluvia de ideas visuales te ayudará a tener opciones variadas y sugerentes para avanzar hacia la imagen inicial perfecta.
A partir de la lista anterior, selecciona aquellas palabras que resuenen con más fuerza y piensa en cómo puedes representarlas visualmente en una imagen concreta, poderosa y claramente cinematográfica. Este paso consiste en transformar conceptos abstractos en imágenes que puedan ser comprendidas emocionalmente por el espectador desde el primer instante.
Considera qué imágenes podrían capturar visualmente el conflicto central o resumir la situación inicial del protagonista. Por ejemplo, si una historia gira en torno al aislamiento emocional, una imagen potente podría ser una persona mirando hacia afuera por una ventana cerrada en un cuarto oscuro. Al definir imágenes simbólicas específicas, empiezas a acercarte a la elección de la imagen inicial ideal.
La atmósfera emocional que transmita tu imagen inicial es crucial, ya que determinará la primera impresión emocional del espectador. Decide qué sentimiento o reacción quieres provocar al mostrar esta imagen por primera vez: intriga, tensión, curiosidad, tristeza, o cualquier otra emoción que consideres pertinente para tu historia.
Por ejemplo, si buscas generar misterio, tal vez elijas una imagen inicial en la que se muestre un objeto extraño o fuera de contexto, generando inmediatamente preguntas en el espectador. Asegurarte de que la imagen inicial provoque la emoción precisa te ayudará a captar la atención y establecer claramente el tono narrativo.
Una técnica narrativa poderosa es vincular visualmente la imagen inicial con la imagen final del relato, creando así un círculo narrativo que da coherencia y significado más profundo a tu historia. Al pensar en la imagen inicial, considera cómo podría funcionar en paralelo o en contraste con la escena final.
Por ejemplo, podrías empezar con la imagen de un personaje encerrado detrás de una puerta cerrada y terminar con ese mismo personaje atravesando una puerta abierta, simbolizando visualmente su transformación y resolución emocional. Esta conexión añade riqueza narrativa y profundiza el impacto emocional del cierre. La serie Lost comienza con un ojo que se abre y termina con un ojo que se cierra.
En este paso, genera varias opciones breves de imágenes iniciales posibles. Escribe breves descripciones visuales (no más de dos o tres líneas cada una), explorando diferentes ángulos o formas de abordar visualmente los mismos temas y emociones que definiste anteriormente.
No te limites ni censures ideas; permítete explorar posibilidades diversas. El objetivo es tener un repertorio amplio de imágenes iniciales potenciales entre las cuales puedas luego elegir la más poderosa y representativa de tu historia.
Finalmente, escoge la imagen inicial que sientas más potente y sométela a validación mediante varias preguntas clave: ¿Comunica claramente el tono deseado? ¿Genera la emoción prevista en el espectador? ¿Es simbólica y anticipa claramente el tema central de la historia?
También puedes pedir retroalimentación de otras personas para evaluar cómo interpretan esta imagen inicial. Ajusta o refina la imagen según las opiniones recibidas, asegurando que cumpla plenamente con tus objetivos narrativos, emocionales y visuales antes de integrarla definitivamente en tu guion.
El artículo 724. Técnicas de inicio: La imagen inicial se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 723. La anagnórisis en el cine y la TV: El momento de la verdad se publicó primero en David Esteban Cubero.
¿Qué une grandes momentos del cine como el final de El sexto sentido y Los otros o la revelación de que Darth Vader es el padre de Luke de Star Wars? La anagnórisis es un recurso narrativo que nos llega desde los griegos y que bien utilizada es de las más impactantes en un guion. Hoy veremos qué es y cómo utilizar la anagnórisis en cine y televisión. Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas.
Y para los miembros de la academia de cursosdeguion.com hay una masterclass nueva que va a ser muy reveladora. La Masterclass “El suspense en el guion: cómo enganchar al espectador” explora las claves para construir tensión y mantener al público atrapado en la historia. A través del análisis de Hitchcock, Nolan, Shyamalan y Fincher, explicaré la diferencia entre sorpresa y suspense, el manejo de la información y técnicas para estructurar escenas llenas de tensión. Además, muestro herramientas narrativas como la cuenta regresiva, el subtexto y la escalada de conflictos para crear un guion que mantenga al espectador al borde de su asiento.
La anagnórisis es un recurso narrativo que consiste en el momento en que un personaje descubre una verdad fundamental que transforma su percepción de la realidad. Este reconocimiento marca un punto de inflexión en la historia, ya que cambia la manera en que el personaje entiende su propio papel en la trama y redefine sus relaciones con los demás. La revelación puede estar relacionada con su identidad, con la verdadera naturaleza de otro personaje o con la comprensión de una situación que hasta ese momento había permanecido oculta o malinterpretada.
La palabra anagnórisis proviene del griego antiguo ἀναγνώρισις (anagnṓrisis), que significa «reconocimiento» o «descubrimiento». Este término fue introducido por Aristóteles en su obra Poética, donde lo define como el momento en que un personaje pasa de la ignorancia al conocimiento, lo que a menudo provoca un cambio en el curso de la historia. En el contexto de la tragedia griega, la anagnórisis solía estar acompañada por una peripecia, es decir, un giro del destino que podía llevar al héroe a la ruina o a la redención. Aristóteles consideraba que este recurso narrativo era esencial para generar catarsis en el espectador, permitiéndole experimentar una profunda emoción a través del reconocimiento de la verdad por parte del protagonista.
En la tradición dramática griega, la anagnórisis se utilizaba con frecuencia en las tragedias y epopeyas para revelar la identidad de un personaje, su parentesco con otros o una verdad oculta que cambia la percepción de los hechos. Obras clásicas como Edipo Rey de Sófocles ejemplifican este concepto, ya que el protagonista descubre, en un momento de gran impacto, que ha cumplido la profecía que intentó evitar. Con el tiempo, la anagnórisis trascendió la tragedia y se convirtió en un recurso narrativo presente en la literatura, el teatro y, más recientemente, en el cine y la televisión, donde sigue siendo una herramienta fundamental para la construcción de giros argumentales y revelaciones impactantes.
Uno de los momentos más icónicos de la historia del cine ocurre cuando Luke Skywalker, tras una feroz batalla con Darth Vader, escucha una verdad devastadora: el villano que ha estado combatiendo no solo no mató a su padre, sino que es su padre. Hasta ese momento, Luke creía que su misión era vengar la muerte de su padre a manos de Vader, pero esta anagnórisis cambia completamente su percepción del conflicto. Su negación inmediata («No, eso no es cierto… eso es imposible») resalta el impacto emocional del descubrimiento. Además de redefinir la relación entre los personajes, este giro añade complejidad al viaje del héroe de Luke y lo obliga a cuestionar sus convicciones.
El Dr. Malcolm Crowe, un psicólogo infantil, pasa la película ayudando a Cole, un niño que afirma ver fantasmas. A lo largo de la historia, el espectador sigue a Malcolm mientras intenta comprender y guiar a Cole. Sin embargo, en la escena final, Malcolm se da cuenta de que él mismo ha estado muerto todo el tiempo. Esta anagnórisis es impactante porque no solo sorprende al personaje, sino también al espectador, que inmediatamente reconstruye mentalmente toda la película y se da cuenta de que había pistas evidentes desde el inicio: su esposa nunca le responde, su ropa no cambia, y Cole le dice explícitamente «Ellos no saben que están muertos». Esta revelación genera una fuerte carga emocional y convierte la historia en una experiencia inolvidable.
Grace (Nicole Kidman) vive con sus dos hijos en una mansión oscura y aislada, convencida de que su casa está siendo invadida por presencias sobrenaturales. A lo largo de la película, se siente asediada por extraños fenómenos y personas misteriosas. Sin embargo, la gran anagnórisis ocurre cuando se revela que ella y sus hijos son los verdaderos fantasmas, y los «intrusos» son en realidad los nuevos habitantes de la casa. Esta revelación cambia completamente la perspectiva de la historia y, al igual que en El Sexto Sentido, obliga al espectador a reinterpretar todos los eventos previos con esta nueva información.
El protagonista de El Club de la Lucha, un hombre sin nombre interpretado por Edward Norton, vive una intensa amistad con Tyler Durden (Brad Pitt), un hombre carismático y anárquico con el que forma un club clandestino de peleas. Sin embargo, en la anagnórisis final, descubre que Tyler Durden es solo una manifestación de su propia mente: no es una persona real, sino una versión desinhibida y violenta de sí mismo. Este giro sorprende tanto al personaje como al espectador, pero al volver atrás, se descubren múltiples pistas que insinuaban esta dualidad (flashes de Tyler en escenas anteriores, inconsistencias en la interacción con otros personajes, etc.).
El agente Teddy Daniels (Leonardo DiCaprio) llega a una isla que alberga un hospital psiquiátrico para investigar la desaparición de una paciente. A medida que avanza la historia, se encuentra con situaciones extrañas y alucinaciones inquietantes, lo que sugiere que hay algo más profundo en juego. La anagnórisis final revela que Teddy en realidad es un paciente del hospital, y su supuesta investigación ha sido un experimento terapéutico para ayudarlo a aceptar que su verdadero nombre es Andrew Laeddis, un hombre que asesinó a su esposa tras descubrir que ella había matado a sus hijos. La revelación es devastadora, ya que lo obliga a confrontar la verdad que su mente había reprimido.
Roy Batty, el líder de los replicantes, pasa la película luchando contra su mortalidad, intentando prolongar su vida más allá de los cuatro años para los que fue programado. En la escena final, en lugar de asesinar a Rick Deckard, Roy tiene una anagnórisis sobre la naturaleza de la vida y la muerte. Acepta su destino y, en un acto de humanidad, salva a Deckard antes de pronunciar su icónico monólogo: «He visto cosas que vosotros no creeríais…». En este caso, la anagnórisis no es una sorpresa argumental, sino una revelación filosófica sobre el significado de la existencia.
Walter White, a lo largo de Breaking Bad, justifica sus acciones diciendo que todo lo que ha hecho ha sido para el bienestar de su familia. Sin embargo, en el episodio final, su anagnórisis ocurre cuando finalmente admite ante su esposa: «Lo hice por mí. Me gustaba. Era bueno en eso. Y me hacía sentir vivo». En este momento, Walter acepta la verdad sobre su viaje: no fue solo un hombre desesperado luchando contra el cáncer, sino alguien que disfrutó convertirse en un criminal poderoso. Este reconocimiento cierra su arco narrativo y redefine su historia para el espectador.
La anagnórisis representa el momento en que un personaje pasa de la ignorancia al conocimiento. Este cambio puede implicar el descubrimiento de una verdad sobre su propia identidad, el reconocimiento de un error, o la revelación de la verdadera naturaleza de otros personajes o del mundo que lo rodea. Este giro de percepción suele transformar la historia y la forma en que el personaje interactúa con su entorno.
La anagnórisis está estrechamente ligada a la peripecia, es decir, al giro narrativo que altera el destino del personaje. Este reconocimiento puede llevarlo a la ruina en una historia trágica o a la redención en una historia de transformación. En muchas ocasiones, la anagnórisis llega en un momento clave de la narrativa, redefiniendo el propósito del protagonista.
El descubrimiento provocado por la anagnórisis impulsa un cambio profundo en el arco del personaje. Puede hacerlo tomar decisiones distintas, modificar su comportamiento o enfrentarse a su destino de manera diferente. Esta transformación a menudo está ligada a un momento de catarsis, no solo para el personaje, sino también para el público, que experimenta el impacto emocional de la revelación.
Más allá de su función estructural en la historia, la anagnórisis genera un impacto emocional y filosófico en la audiencia. A menudo, estas revelaciones están ligadas a temas universales como la identidad, la mortalidad o la naturaleza de la realidad. Un ejemplo emblemático es Blade Runner, cuando Roy Batty, el replicante, comprende la fugacidad de su existencia y, en lugar de vengarse de Deckard, decide salvarlo. Su monólogo sobre los «momentos perdidos en el tiempo, como lágrimas en la lluvia» convierte su anagnórisis en una de las escenas más emotivas del cine de ciencia ficción, transmitiendo una profunda reflexión sobre la vida y la memoria.
La anagnórisis puede manifestarse de distintas maneras, dependiendo de qué tipo de revelación se produzca. En la anagnórisis personal, el personaje descubre algo crucial sobre sí mismo, como en El Show de Truman, cuando Truman comprende que su vida ha sido una simulación y decide escapar. En la anagnórisis sobre otros personajes, la revelación afecta la relación del protagonista con quienes lo rodean, como en El Imperio Contraataca, cuando Luke Skywalker descubre que Darth Vader es su padre. Por otro lado, la anagnórisis sobre la realidad transforma la comprensión del mundo del personaje, como ocurre en Matrix, cuando Neo descubre que su vida en el mundo real es una simulación controlada por máquinas.
La anagnórisis no es exclusiva de la tragedia, sino que se adapta a múltiples géneros. En las historias trágicas, este recurso suele marcar el destino fatal del protagonista, como en Edipo Rey, donde Edipo descubre su verdadera identidad y se condena a sí mismo. En el cine de terror y thriller, la anagnórisis se utiliza como un giro final que redefine toda la película, como en El Sexto Sentido, cuando el Dr. Malcolm Crowe se da cuenta de que ha estado muerto todo el tiempo. En la comedia, la anagnórisis puede generar un desenlace hilarante al revelar una verdad absurda o contradictoria, como en Mrs. Doubtfire, cuando la familia de Daniel Hillard descubre que ha estado disfrazado de niñera todo el tiempo. Incluso en el cine de aventuras, la anagnórisis se convierte en un punto clave para la evolución del héroe, como en Indiana Jones y la Última Cruzada, cuando Indy aprende que la fe es clave para cruzar el abismo, completando así su viaje tanto físico como espiritual.
Puede tratarse de un hallazgo sobre su propia identidad, la verdadera naturaleza de otro personaje o una revelación sobre el mundo que lo rodea. Este descubrimiento debe estar directamente relacionado con el conflicto central de la historia. Si la anagnórisis no altera la trayectoria del personaje o el desarrollo de la trama, perderá fuerza y se sentirá como un giro innecesario.
Para que la anagnórisis tenga un efecto poderoso, el personaje debe sostener una creencia equivocada a lo largo de la historia. Esta creencia errónea puede haber sido inculcada por su entorno, derivar de un autoengaño o ser producto de la información incompleta que posee. La fuerza de la anagnórisis radica en el contraste entre lo que el personaje cree y la verdad que finalmente descubre.
Para que la revelación no se sienta forzada, es importante dejar pistas a lo largo de la historia que permitan que la anagnórisis sea sorprendente, pero también lógica en retrospectiva. Estas pistas pueden presentarse de distintas maneras. En el aspecto visual, en El Sexto Sentido, el Dr. Malcolm nunca interactúa con nadie más que Cole, una pista clave de que está muerto. En los diálogos, los personajes pueden decir frases con doble sentido que adquieren un nuevo significado tras la revelación, como ocurre en Los Otros, donde Grace insiste en que “Dios no permitiría que los muertos caminaran entre los vivos”. También pueden introducirse pequeñas incongruencias que parecen detalles insignificantes en el momento, pero que se vuelven cruciales cuando se revela la verdad.
Los personajes secundarios pueden ayudar a reforzar la anagnórisis sin exponerla directamente. En muchas historias, hay personajes que parecen desubicados o incluso locos, pero que en realidad están diciendo la verdad. En El Show de Truman, el comportamiento errático de ciertos actores dentro de la simulación deja entrever que algo no encaja en la vida de Truman, aunque él tarda en percatarse. De manera similar, en El Rey León, Rafiki actúa como un guía para Simba, mostrándole la verdad sobre su identidad. Estas figuras pueden funcionar como advertencias o como reflejos de lo que el personaje debe descubrir.
La forma en que está narrada una historia puede contribuir a que la anagnórisis sea más impactante. En algunos casos, el guion oculta información clave al limitar la perspectiva del personaje, lo que hace que el espectador comparta su misma confusión. En películas como Shutter Island o Memento, el uso del montaje y la narración fragmentada mantienen al público en la misma posición que el protagonista, impidiendo que descubra la verdad hasta el momento adecuado. Al manipular la estructura narrativa, se puede reforzar la sensación de sorpresa sin que la revelación se sienta artificial.
El momento en que el personaje descubre la verdad debe ser más que un giro narrativo: debe representar un punto de inflexión emocional. La forma en que reacciona ante la revelación es clave para transmitir su impacto. Algunas anagnórisis generan negación inmediata, como la de Luke Skywalker en El Imperio Contraataca, cuando se niega a aceptar que Darth Vader es su padre. Otras llevan a un colapso emocional, como en Memento, cuando Leonard se da cuenta de que se ha estado mintiendo a sí mismo. También pueden generar una aceptación filosófica, como en Blade Runner, donde Roy Batty comprende su propia mortalidad. La clave es que la reacción del personaje sea coherente con su arco y refuerce el impacto de la revelación.
Una buena anagnórisis no solo transforma la perspectiva del personaje, sino también la del espectador. Después de la revelación, todo lo ocurrido previamente en la historia debe adquirir un nuevo significado. Este tipo de efecto hace que la anagnórisis no solo sea sorprendente, sino que enriquezca la experiencia narrativa al invitar a una reinterpretación de la historia.
El artículo 723. La anagnórisis en el cine y la TV: El momento de la verdad se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 722. Así vendí mi guion: El club de los poetas muertos se publicó primero en David Esteban Cubero.
Hoy continuamos con la serie de pódcast “Así vendí mi guion”, dedicada a ver cómo se escribieron y vendieron los guiones más famosos. Ya vimos El indomable Will Hunting, Rocky, Juno, Pulp Fiction, Being John Malkovich, Little Miss Sunshine, Bailando con Lobos, Stranger Things, Seven y Thelma y Louise. Hoy veremos una de las películas que más ha influido en mi vida y que ganó un Óscar por su guion: “El club de los poetas muertos”. Y, como venimos haciendo en la serie, nos lo va a contar su propio guionista, Tom Schulman. Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas.
Y para los miembros de la academia de cursosdeguion.com hay una masterclass nueva que va a ser muy reveladora. La Masterclass “El suspense en el guion: cómo enganchar al espectador” explora las claves para construir tensión y mantener al público atrapado en la historia. A través del análisis de Hitchcock, Nolan, Shyamalan y Fincher, explicaré la diferencia entre sorpresa y suspense, el manejo de la información y técnicas para estructurar escenas llenas de tensión. Además, mostraré herramientas narrativas como la cuenta regresiva, el subtexto y la escalada de conflictos para crear un guion que mantenga al espectador al borde de su asiento.
Cuando escribí El club de los poetas muertos, no pensé que se convertiría en lo que es hoy. No imaginaba que una historia inspirada en mis años en la escuela y en un maestro que me marcó cambiaría tantas vidas. Pero aquí estamos. Y hoy quiero contaros cómo nació esta historia, cómo pasé de ser un guionista en apuros a escribir un Óscar.
Comencé a pensar en la historia cinco años antes de escribirla. Yo era simplemente, ya sabes, un guionista en apuros, haciendo trabajos de producción aburridos en Los Ángeles y de alguna manera sobreviviendo. Tenía mucha esperanza y optimismo, pero ambos eran bastante infundados, no había una razón real para eso.
Todo comenzó con notas. Muchas notas. Tenía este método caótico de escritura: esparcía hojas en el suelo, escribía pensamientos sueltos sobre la historia, los personajes, los temas… y caminaba entre ellas. Las recogía, formaba pequeños montones, intentaba darles sentido. Cuando llegaba a unas 100 páginas de ideas dispersas, sabía que tenía algo.
La historia no es autobiográfica, pero nace de emociones reales. Yo fui a una escuela de élite para varones, con una fuerte cultura de disciplina. Recuerdo mirar las fotos enmarcadas en los pasillos, retratos de generaciones pasadas que, salvo por la ropa, parecían iguales a nosotros. Esa sensación de continuidad inmutable, de estar atrapado en una historia ya escrita, me quedó grabada. Y quise escribir sobre eso.
El personaje de John Keating, interpretado de manera inolvidable por Robin Williams, fue una combinación de varios maestros que tuve, pero sobre todo, de Sam Pickering. Él no era tan revolucionario como Keating, pero su manera de enseñar despertó en mí una nueva forma de ver la literatura.
Pero la historia necesitaba más que solo un maestro inspirador. Necesitaba alumnos con deseos, miedos, dudas y sueños propios. Neil, Todd, Knox, Charlie y los demás no eran versiones directas de personas que conocí, pero cada uno contenía fragmentos de amigos, compañeros de clase y, en algunos casos, de mí mismo en diferentes etapas de mi vida. La historia de cada personaje de la película era alguien que conocía, aunque en un momento diferente de mi vida, así que, por ejemplo, Neil se basó en un amigo que había tenido mucho más joven, cuando yo era adolescente, alguien que sentía la misma presión que el personaje, aunque su historia real terminó de manera diferente.
Charlie se basó en alguien que conocí en la escuela secundaria, Knox era alguien que conocí en la universidad, así que, una vez que entendí la función de cada personaje en la historia, entonces elegí a la persona en mi vida que mejor encajaría en ese papel y luego la usé como una especie de guía para el personaje.
El primer borrador de mi guion era distinto al que conocen. En esa versión, Keating tenía cáncer. Pensé que necesitaba una razón para que viviera con tanta pasión. Pero cuando el director Peter Weir lo leyó, me dijo: «No hace falta estar muriendo para querer vivir intensamente». Y tuvo razón. Quitamos ese elemento, y la historia se volvió aún más poderosa. Al final de la película, todos los alumnos se suben en sus escritorios en honor al profesor Keating. Creo que es bastante fácil para los jóvenes defender a alguien que está muriendo, independientemente de lo que les haya enseñado. Cuando no está muriendo, sabes con certeza que están defendiendo lo que le ha enseñado.
Como guionistas, a menudo nuestro instinto es encontrar la versión más dramática de una historia: la que tiene la emoción más intensa, en la que a nuestros personajes les suceden más cosas. El espectacular final de El club de los poetas muertos fue aún más fuerte al revertir este impulso y reescribir la película para mostrar a Keating como un hombre que simplemente aprecia la vida y todos sus placeres.
Hubo otros cambios. Disney, en un momento, quiso hacer de la película un musical llamado Sultans of Strut, donde Keating sería profesor de danza. Afortunadamente, logramos que esa versión no viera la luz. También querían un final diferente, una especie de juicio donde Keating fuera exonerado. Pero sabía que el final debía ser la escena en la que los estudiantes se ponen de pie en sus pupitres y lo llaman “Oh Capitán, mi Capitán”. Cuando escribí esa escena, supe que había encontrado el alma de la película.
Uno de los momentos más desafiantes fue escribir la escena del suicidio de Neil. Sabía que debía ser un punto de quiebre en la historia, pero también debía tratarse con el respeto y la emoción que ameritaba. Fue difícil encontrar el tono adecuado, equilibrando la desesperación de Neil con la sensación de inevitabilidad de lo que estaba a punto de hacer. Recibí muchos comentarios de personas preocupadas por la crudeza de la escena, pero nunca dudé que debía estar ahí.
El título del guion fue otro obstáculo. A los ejecutivos de Disney no les gustaba. Decían que eran «las tres peores palabras que podrían estar juntas en un título». Muertos. Poetas. Sociedad. Pensaban que alejaría a la audiencia. Pero Peter Weir, cuando vio el guion por primera vez, se sintió intrigado precisamente por ese título. Estaba en un avión cuando lo leyó y no pudo resistirse a la historia detrás de esas palabras. Fue una de las razones por las que decidió dirigir la película. Mientras Disney quería cambiarlo, Weir insistió en que el título debía quedarse, y así fue como sobrevivió a los intentos de modificación.
La filmación tuvo sus propios retos. Robin Williams era un genio de la improvisación, y aunque al principio le costó encontrar el personaje, cuando lo hizo, fue mágico. Hubo una escena en la que debía leer a Shakespeare imitando a John Wayne. Fue algo que surgió en el momento y terminó en la película.
Otra escena clave fue la del “alarido bárbaro” con Todd. Ethan Hawke interpretó el papel con tanta intensidad y vulnerabilidad que el set entero se quedó en silencio cuando terminamos de filmarla. Era un momento crucial en su arco de transformación, y verlo en pantalla fue emocionante. Sabía que esa escena definiría la evolución de su personaje y, para muchos, su propio crecimiento personal.
Vender el guion fue un desafío. Mi agente original me llamó en mitad de la noche para decirme que lo había leído y que le había emocionado hasta las lágrimas, pero que no creía que pudiera venderlo. Me explicó que una historia sobre un internado masculino, sin violencia, sin romance y con poesía como eje central, no era lo que Hollywood buscaba. Me sugirió que lo usara como “tarjeta de presentación”, pero que no intentara venderlo seriamente.
Entonces me vi obligado a buscar un nuevo agente. La mayoría rechazaron el guion hasta que uno vio potencial en él porque creía que algunos actores de su agencia podrían estar interesados. Aún así, tardó mucho en encontrar un comprador. Cuando Disney lo leyó por primera vez, intentaron transformarlo en algo completamente diferente: un musical sobre un profesor de danza. Me negué. Sabía que la historia que había escrito no podía convertirse en eso.
El cambio llegó cuando el productor Steven Haft leyó el guion y se lo presentó a Jeffrey Katzenberg en Disney. Aunque la compañía ya lo había rechazado antes, Katzenberg no lo había leído, y cuando finalmente lo hizo, lo compró en el acto. Hubo intentos de cambiar la estructura del guion y darle más protagonismo a Keating a costa de los estudiantes, pero Katzenberg defendió la historia original y la dejó intacta. Gracias a eso, la película que llegó a la pantalla fue fiel a lo que había imaginado.
Cuando la película se estrenó en 1989, no sabía qué esperar. Los estudios pensaban que no funcionaría: un drama sobre un internado, sin sexo ni violencia, con poesía como tema central… no era precisamente material taquillero. Pero el público conectó. Y cuando meses después subí al escenario a recibir el Óscar, sentí que todo el esfuerzo había valido la pena.
Un mes antes de que saliera la película localicé a Sam Pickering, quien fue mi profesor de inglés de segundo año. Entonces estaba de profesor en la Universidad de Connecticut y le escribí una carta diciendo: “Sabes esto, tú lo inspiraste y saldrá pronto”, y él me respondió con una nota muy bonita diciendo: “Sabes, estoy muy emocionado de verlo”. Creo que no supe nada de él justo después de que se estrenó la película, pero seis meses después estaba en un panel en mi universidad con él y comenzó su charla diciendo que en cierto modo se reconocía a sí mismo en la película y en cierto modo no. Según él, si hubiera seguida la filosofía del Carpe Diem, probablemente no hubiera estado vivo para estar en el panel ese día.
Años después, muchas personas me han dicho que esta película cambió sus vidas. Algunos decidieron ser maestros. Otros se atrevieron a perseguir sus sueños. Me gusta pensar que Keating sigue vivo en cada persona que elige aprovechar el día. Carpe Diem.
A veces me preguntan si volvería a escribir algo como El club de los poetas muertos. La verdad es que no lo sé. Esa historia nació en un momento muy específico de mi vida, en un momento en el que yo mismo estaba descubriendo qué significaba aprovechar el día. Quizás eso es lo que la hace tan especial: que surgió de una necesidad genuina de explorar lo que significa vivir con pasión.
El artículo 722. Así vendí mi guion: El club de los poetas muertos se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 721. El viaje del héroe en La sustancia se publicó primero en David Esteban Cubero.
La Sustancia es una de las películas del año pasado, como quedó claro en los Óscar del domingo, al que llegó con cinco nominaciones. Es una película que brilla por su originalidad y por su riesgo. ¿Os gustó el guion? Hoy voy a hacer un análisis el viaje del héroe para ver si lo cumple. Y os adelanto que, sea que la guionista lo haya hecho de una forma consciente, o inconsciente, podemos encontrar en la película los 12 pasos de esta estructura famosa. Te los muestro. Yo soy David Esteban Cubero y esto es Guiones y guionistas.
Y en la Academia de guion de Guiones y guionistas seguimos celebrando la salida del Libro “Escribir el miedo. El guion en el cine de terror”, con un reto nuevo: Escribe un corto de terror en 7 días. Los que se apunten recibirán 7 mails, a lo largo de una semana, con las instrucciones para escribir un cortometraje de terror. Tan solo tenéis que ir a la web cursosdeguion.com en la sección de retos y dejar vuestro mail en el reto de guion de terror. Tenéis que hacerlo antes del 6 de marzo, porque el 7 de marzo comienzo a enviar los mails. Eso sí, hay que ser miembro de la academia.
La sustancia (The Substance) es una película de body horror de 2024, dirigida, escrita y coproducida por Coralie Fargeat. Está protagonizada por Demi Moore, Margaret Qualley y Dennis Quaid. La trama sigue la vida de una celebridad en decadencia que consume un suero del mercado negro que crea una versión mucho más joven de sí misma, con efectos secundarios inesperados.
Os dejo el tráiler para recordar la película.
Elisabeth Sparkle se enfrenta a un golpe devastador el día de su cumpleaños cuando su jefe la despide. En medio de su angustia, un laboratorio le ofrece una sustancia que promete transformarla en una versión mejorada de sí misma.
Lo primero, como siempre, es determinar quién es el héroe o heroína. Elisabeth Sparkle es una heroína trágica atrapada en la lucha contra el tiempo y la mirada de una industria despiadada que la considera obsoleta. Su viaje es el de una mujer que ha construido su identidad en torno a su juventud y belleza, creyendo que sin ellas no tiene valor.
El mundo ordinario es el mundo normal del héroe antes de que la historia comience.
Elisabeth Sparkle es una actriz en decadencia que ha pasado de protagonizar grandes películas a ser la cara de un programa de fitness televisivo. Aunque sigue siendo reconocida, su estrella ha comenzado a apagarse y la industria, obsesionada con la juventud, la ha dejado atrás. La imagen de su estrella en la acera de la fama, primero admirada y luego ignorada, simboliza su caída. En este mundo, Elisabeth lucha por mantener la relevancia en un entorno que la considera desechable una vez que ha alcanzado los 50 años.
Al héroe se le presenta un problema, desafío o aventura. La llamada de la aventura establece las reglas del juego, plantea la contienda y define el objetivo del héroe. Este paso coincide con lo que otros teóricos del guion denominan como el detonante o el incidente desencadenante.
Su jefe, Harvey, la despide sin miramientos, dejándola sin empleo y confirmando su mayor miedo: ha sido reemplazada por alguien más joven. En estado de shock, sufre un accidente automovilístico, un momento que representa su pérdida de control sobre su vida. Mientras se recupera en el hospital, un joven enfermero le desliza una memoria USB con la inscripción La Sustancia y una nota que dice: “Cambió mi vida”. Esta oferta misteriosa insinúa una posibilidad de revertir su decadencia.
El héroe rechaza el desafío o aventura, principalmente por miedo al cambio.
Inicialmente, Elisabeth descarta la propuesta. Ha pasado años rodeada de promesas falsas de juventud eterna y ve La Sustancia como otro fraude más. En un gesto de escepticismo, arroja la memoria USB a la basura y trata de seguir adelante. Sin embargo, la desesperación se instala cuando se da cuenta de que su carrera, su imagen y su identidad están desapareciendo. En un acto de vulnerabilidad, borracha y nostálgica, recupera la USB y decide investigar la oferta.
Un mentor lo hace aceptar la llamada y lo entrena para su aventura. Es aquella etapa en la que el héroe obtiene provisiones, conocimientos y la confianza necesaria para vencer sus miedos y adentrarse en la aventura.
Elisabeth no tiene un mentor tradicional, pero la voz de la empresa Substance cumple este papel al explicarle las reglas del procedimiento. Se le informa que la inyección del suero dividirá su cuerpo en dos versiones de sí misma: una joven y «mejorada», pero que deberá compartir el tiempo con su yo original. Se le advierte que no puede escapar de sí misma, una lección que solo comprenderá demasiado tarde. Sin más opciones y cegada por la promesa de renacer, acepta la oferta.
El héroe abandona el mundo ordinario para entrar en el mundo especial o mágico.
Decidida a cambiar su destino, Elisabeth se inyecta La Sustancia y sufre una dolorosa transformación. Su cuerpo se desgarra y de su espalda emerge Sue, su versión rejuvenecida, hermosa y perfecta. Este es el punto de no retorno: ya no es solo Elisabeth, ahora existe una dualidad en la que ambas versiones compiten por la existencia. Mientras Elisabeth queda relegada al papel de espectadora, Sue se lanza al mundo con una energía renovada y una determinación feroz de triunfar.
El héroe se enfrenta a pruebas, encuentra aliados y confronta enemigos, de forma que aprende las reglas del mundo especial. Le permite evolucionar emocional y espiritualmente y ser iniciado, en sabiduría, en valor, en la luz y en el bien.
Sue se convierte en la nueva sensación, conquistando a Harvey y asegurando su puesto en la industria como la estrella del programa de fitness. Elisabeth, en cambio, se ve reducida a la sombra de su propia existencia, pasando sus días inactivos esperando el siguiente turno para ocupar su cuerpo. Pronto, la dinámica entre ambas se torna hostil: Sue quiere más tiempo, más control, y empieza a robar la esencia de Elisabeth para prolongar su juventud. Lo que comenzó como una oportunidad se convierte en una batalla interna por la supervivencia.
El héroe tiene éxitos durante las pruebas y se acerca a la “cueva más profunda”.
El equilibrio entre ambas se rompe cuando Elisabeth despierta con partes de su cuerpo marchitas debido a los abusos de Sue. Aterrorizada, intenta aferrarse a lo poco que le queda de su vida, incluso llamando a Fred, un viejo amor de la secundaria, como un último intento de conectar con la realidad. Pero la presencia de Sue es ineludible, empujándola aún más al borde de la desesperación. En respuesta, Elisabeth toma la drástica decisión de enfrentarse a su otro yo, preparándose para recuperar el control.
La crisis más grande de la aventura, de vida o muerte.
Decidida a acabar con Sue, Elisabeth contacta a la empresa y obtiene un frasco con el líquido de terminación, una solución definitiva para deshacerse de su otro yo. Pero cuando tiene la oportunidad de usarlo, no puede hacerlo; en el fondo, comprende que Sue es una parte de ella misma. En su lugar, hace lo impensable: sacrifica su propia sangre para rejuvenecer a Sue, entregándole lo poco que le queda de vitalidad. Este acto de rendición, lejos de salvarla, sella su destino.
El héroe se ha enfrentado a la muerte, se sobrepone a su miedo y ahora gana una recompensa.
Sue, en lugar de agradecer el sacrificio, elimina a Elisabeth, creyendo que por fin podrá existir sin restricciones. Pero con Elisabeth muerta, Sue pierde su fuente de estabilidad y su cuerpo comienza a deteriorarse rápidamente. Aunque intenta ignorar las señales, su piel se resquebraja, sus uñas y dientes caen y su imagen perfecta se desmorona. En su desesperación, se aferra a su última oportunidad: el evento televisivo de Nochevieja, donde espera mantener su fachada ante el mundo una última vez.
El héroe debe volver al mundo ordinario.
Con el tiempo en su contra, Sue regresa al departamento y encuentra la última dosis de La Sustancia. Ignorando la advertencia de que es un “uso único”, se inyecta la solución en un intento desesperado de recuperar su forma. Pero el proceso sale terriblemente mal y, en lugar de rejuvenecer, da a luz a Monstro ElisaSue, una amalgama grotesca de carne fusionada donde ambas versiones de sí misma coexisten en una aberración. En su búsqueda de la perfección, ha alcanzado su peor pesadilla.
Otra prueba donde el héroe se enfrenta a la muerte y debe usar todo lo aprendido.
A pesar de su deformidad, Monstro ElisaSue se aferra a la ilusión de su éxito y se presenta ante la audiencia en la transmisión de Nochevieja. Sin embargo, la verdad es imposible de ocultar: su máscara de juventud cae y el público reacciona con horror. La multitud, que alguna vez adoró a Elisabeth, ahora la rechaza con violencia, atacándola hasta desmembrarla. Lo que comenzó como un intento de control sobre su destino termina en un caos sangriento, con su cuerpo destruido y su esencia consumida por su propio deseo.
El héroe regresa a casa con el elixir y lo usa para ayudar a todos en el mundo ordinario.
En un último golpe de ironía trágica, el único vestigio de Elisabeth es un pequeño fragmento de su rostro que se arrastra por el suelo hasta llegar a su estrella en la acera, el mismo lugar donde su historia comenzó. Por un instante, el rostro sonríe, como si recordara la gloria perdida, pero enseguida se derrite en una masa viscosa y es eliminado por un limpiador de calles. Elisabeth consiguió lo que siempre quiso: ser eternamente joven y hermosa, pero al precio de su completa aniquilación.
El artículo 721. El viaje del héroe en La sustancia se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 720. Terror que vende: El negocio detrás del miedo se publicó primero en David Esteban Cubero.
Si vemos las listas anuales de películas comprobamos que el género de terror es el que más vende en la actualidad. ¿Por qué? Por dos cosas, porque es el género más rentable y el que tiene audiencias más fieles. En el pódcast de hoy de Guiones y guionistas analizaremos el negocio que hay detrás miedo y los subgéneros del terror más atractivos para estudios y distribuidores en la actualidad.
Y en la Academia de guion de Guiones y guionistas seguimos celebrando el mes del terror con un reto nuevo: Escribe un corto de terror en 7 días. Los que se apunten recibirán 7 mails, a lo largo de una semana, con las instrucciones para escribir un cortometraje de terror. Tan solo tenéis que ir a la web cursosdeguion.com en la sección de retos y dejar vuestro mail en el reto de guion de terror. Tenéis que hacerlo antes del 6 de marzo, porque el 7 de marzo comienzo a enviar los mails. Eso sí, hay que ser miembro de la academia.
Y recordar que para los que queráis escribir una película o serie de terror he escrito un libro que explica cómo. El único especializado en este género. “Escribir el miedo. El guion en el cine de terror”. Un libro repleto de claves, ejemplos y ejercicios para escribir el género más en boga en la actualidad. Lo podéis encontrar en Amazon.
El cine de terror es uno de los más rentables dentro de la industria cinematográfica porque combina una producción de bajo costo con una audiencia globalmente fiel y una alta rentabilidad en taquilla y plataformas de streaming. A lo largo de los años, este género ha demostrado que no necesita grandes presupuestos ni estrellas de Hollywood para generar impacto y obtener ganancias millonarias.
Uno de los principales factores de su rentabilidad es que las películas de terror suelen tener costos de producción muy bajos en comparación con otros géneros. Muchas historias pueden desarrollarse en una sola localización, con un reparto reducido y sin necesidad de efectos visuales costosos. Películas como Paranormal Activity, que costó apenas 15.000 dólares y recaudó más de 193 millones, o The Blair Witch Project, con un presupuesto de 60.000 dólares y ganancias de 248 millones, son ejemplos claros de cómo una inversión mínima puede generar enormes beneficios.
Además, el terror tiene una audiencia extremadamente leal que consume constantemente nuevas propuestas. A diferencia de otros géneros donde el éxito depende de grandes campañas publicitarias o de nombres reconocidos, el público del terror está siempre buscando experiencias novedosas y se interesa por películas tanto de grandes estudios como de cine independiente. Esto significa que incluso producciones de bajo perfil pueden encontrar su nicho y generar ingresos significativos.
Otro factor clave es que el terror es un género global, lo que permite que sus películas se vendan y distribuyan fácilmente en diferentes países sin necesidad de grandes adaptaciones culturales. Las emociones como el miedo y la tensión son universales, lo que facilita su exportación y éxito en mercados internacionales. Películas como The Conjuring o It han sido éxitos de taquilla en todo el mundo, demostrando que el terror no está limitado a un solo público.
El auge del streaming ha incrementado aún más la rentabilidad del género. Plataformas como Netflix, Prime Video, HBO Max y Shudder han apostado por producciones de terror originales debido a su alta demanda. Muchas películas que no llegarían a salas de cine encuentran su lugar en estas plataformas y generan ganancias a través de modelos de suscripción. Además, los estrenos híbridos (cine + streaming) han permitido que películas de terror sigan siendo exitosas, incluso en tiempos de cambios en el consumo de entretenimiento.
El marketing del cine de terror también es más efectivo y barato en comparación con otros géneros. Muchas películas han aprovechado campañas virales para generar expectativa sin gastar grandes sumas en publicidad tradicional. Un ejemplo reciente es Smile (2022), que contrató actores para aparecer en eventos deportivos con sonrisas inquietantes, logrando una gran repercusión en redes sociales antes de su estreno. The Blair Witch Project usó una estrategia similar, haciendo creer al público que la historia era real, lo que disparó la curiosidad y llevó a millones de personas a verla en cines.
Otro aspecto clave es que el terror permite la creación de franquicias exitosas, lo que aumenta su rentabilidad a largo plazo. Muchas películas de terror han dado lugar a secuelas, precuelas y spin-offs que siguen generando ingresos durante años. Ejemplos como The Conjuring Universe, que ha recaudado más de 2.000 millones de dólares, o la saga Saw, con más de 1.000 millones en taquilla, demuestran que una película de terror bien recibida puede convertirse en una máquina de generar dinero.
Finalmente, el terror es un género que se reinventa constantemente, lo que garantiza su permanencia en la industria. Desde los clásicos del cine de monstruos hasta el horror psicológico moderno, el terror siempre encuentra nuevas formas de asustar al público y mantenerse relevante. Esto asegura que haya un flujo constante de películas, lo que mantiene la oferta fresca y la demanda alta.
El cine de terror tiene una audiencia extremadamente fiel y global debido a una combinación de factores psicológicos, culturales y comerciales que lo hacen único dentro de la industria cinematográfica. Su éxito no solo radica en la capacidad de provocar miedo, sino también en su versatilidad para adaptarse a distintos públicos y formatos, asegurando así su permanencia y popularidad a lo largo del tiempo.
Uno de los principales motivos por los que el terror tiene una audiencia global es porque el miedo es una emoción universal. No importa el país, la cultura o el idioma, todos los seres humanos experimentamos miedos similares: el miedo a la muerte, a lo desconocido, a la soledad, a los peligros invisibles. Estos miedos han sido representados en mitos, leyendas y cuentos desde la antigüedad, lo que hace que las historias de terror tengan un impacto inmediato en cualquier espectador, sin necesidad de grandes explicaciones o contextualizaciones.
Otro factor clave es la respuesta biológica del cuerpo al miedo. Ver una película de terror provoca un aumento de adrenalina y dopamina, similares a los que experimentamos en situaciones de peligro real, pero en un entorno seguro. Esta descarga de emociones genera una sensación de alivio posterior, lo que hace que muchas personas busquen repetidamente experiencias de terror. Es un fenómeno similar al de las montañas rusas: la mezcla de ansiedad y emoción se convierte en algo adictivo para ciertos espectadores.
Además, el terror es un género que se disfruta en grupo. Ir al cine a ver una película de miedo con amigos o pareja, o hacer una maratón de películas de terror en casa, crea un sentido de comunidad y conexión. Compartir el miedo y los sustos en compañía refuerza la experiencia y hace que sea más memorable. Incluso en redes sociales, los retos virales como «Try Not to Scream Challenge» o videos de reacciones a películas de terror contribuyen a que la audiencia participe activamente en la experiencia, más allá de solo ver la película.
El género de terror también se alimenta de la fascinación por lo prohibido. Muchas películas de terror abordan temas tabú o situaciones extremas que generan morbo y curiosidad en el público. La violencia explícita, los fenómenos paranormales, las sectas o las posesiones demoníacas son algunos de los temas recurrentes que capturan la atención de la audiencia precisamente porque exploran lo desconocido o lo que normalmente evitamos en la vida cotidiana. Este interés por lo oscuro y lo macabro ha sido parte de la cultura popular desde los cuentos de terror tradicionales hasta el auge del true crime en la actualidad.
La fidelidad del público también se debe a la tradición del género y su evolución a lo largo del tiempo. Cada generación ha crecido con su propia versión del terror: los clásicos de los años 70 y 80 como The Exorcist y Halloween, los slashers de los 90 como Scream y I Know What You Did Last Summer, el terror psicológico de los 2000 con The Ring y Saw, y las propuestas más recientes como Hereditary, It y The Conjuring. Esta conexión generacional mantiene el género vivo y en constante reinvención.
Otra razón clave es que el terror es uno de los géneros más innovadores y versátiles. Se adapta fácilmente a nuevos formatos y tendencias, lo que permite que siempre haya algo nuevo para explorar. Desde el auge del found footage con The Blair Witch Project y Paranormal Activity, hasta el horror elevado de directores como Jordan Peele y Ari Aster, el terror ha demostrado que puede evolucionar constantemente sin perder su esencia.
Las redes sociales y las plataformas de streaming han potenciado aún más la fidelidad del público. Las películas de terror son fáciles de viralizar, ya sea por sus escenas impactantes, sus finales inesperados o sus campañas de marketing innovadoras. Un buen ejemplo es Smile, que generó un enorme interés antes de su estreno colocando actores con sonrisas inquietantes en eventos deportivos y noticieros. Del mismo modo, plataformas como Netflix, Prime Video y Shudder han facilitado el acceso a películas de terror para una audiencia global, permitiendo que el género llegue a más personas que nunca.
Por último, el terror se mantiene como un género accesible y de bajo costo, lo que permite una producción constante de nuevas películas y series. A diferencia de otros géneros que requieren grandes presupuestos, el terror puede generar impacto con pocos recursos, lo que significa que siempre habrá nuevas propuestas en el mercado. Esto mantiene el interés del público y permite que el género siga expandiéndose a nivel mundial.
El cine de terror ha evolucionado constantemente, y los estudios y distribuidores buscan aquellos subgéneros que generan mayor impacto en la audiencia y, por lo tanto, mayores ganancias. Actualmente, hay varios subgéneros que destacan por su popularidad y rentabilidad en el mercado, gracias a su capacidad para atraer tanto a fanáticos del terror como a nuevos espectadores.
Uno de los subgéneros más atractivos en la actualidad es el terror elevado, también conocido como elevated horror. Este tipo de películas combina el terror con elementos de cine de autor, explorando temas profundos como el trauma, la culpa y las relaciones familiares. A menudo, estas películas tienen una narrativa más pausada, una cinematografía cuidada y un desarrollo de personajes más complejo.
Ejemplos de este subgénero incluyen Hereditary (2018), Midsommar (2019) y The Babadook (2014). Los estudios y distribuidores apuestan por este tipo de cine porque ha demostrado atraer a audiencias que normalmente no consumen terror, incluyendo a críticos y festivales de cine que antes ignoraban el género.
El terror psicológico también sigue siendo uno de los más rentables, ya que se enfoca en generar miedo a través de la mente de los personajes y la percepción de la realidad. Películas como Get Out (2017) y The Invisible Man (2020) han demostrado que este tipo de terror puede ser muy efectivo al abordar temas sociales y emocionales mientras mantiene la tensión y el suspense.
Este subgénero es atractivo para los estudios porque no requiere grandes presupuestos ni efectos especiales costosos, sino que basa su impacto en la atmósfera, la actuación y el guion.
Otro subgénero en auge es el terror sobrenatural, que incluye películas sobre fantasmas, demonios, casas embrujadas y entidades malignas. Las franquicias como The Conjuring Universe y Insidious han sido enormes éxitos de taquilla, y los estudios siguen apostando por este tipo de historias debido a su capacidad de generar franquicias duraderas.
El terror sobrenatural es muy atractivo para los distribuidores porque tiene un gran potencial internacional; las historias de espíritus y fuerzas malignas son universales y se entienden en cualquier cultura sin necesidad de grandes modificaciones.
El horror basado en hechos reales o en el true crime ha ganado mucha popularidad en los últimos años. Con el auge de los documentales sobre crímenes reales y las series sobre asesinos en serie, las películas de terror inspiradas en eventos reales han capturado la atención del público.
Ejemplos recientes incluyen The Black Phone (2022), inspirada en crímenes reales, o las constantes adaptaciones de casos famosos como los de Ed y Lorraine Warren en The Conjuring. Este subgénero es atractivo porque combina el morbo de lo real con la tensión del terror cinematográfico, lo que genera mucha curiosidad en la audiencia.
El found footage sigue siendo una apuesta segura para los estudios, ya que permite crear películas de terror con presupuestos extremadamente bajos y obtener grandes ganancias. Aunque el auge del subgénero ocurrió en los 2000 con películas como The Blair Witch Project y Paranormal Activity, sigue teniendo presencia en la actualidad con películas como Host (2020), que utilizó el formato de videollamadas en Zoom para crear terror en plena pandemia.
Los distribuidores valoran este subgénero porque es fácil de comercializar y tiene un atractivo especial para el público joven que consume contenido en plataformas digitales.
Por otro lado, el horror de ciencia ficción también está ganando terreno, especialmente con la creciente preocupación por la inteligencia artificial, los experimentos biológicos y el futuro de la humanidad.
Películas como A Quiet Place (2018) y Nope (2022) han demostrado que la combinación de terror y ciencia ficción puede ser altamente efectiva en taquilla. Este subgénero atrae tanto a los fanáticos del terror como a los del cine de ciencia ficción, lo que amplía su potencial de mercado.
Finalmente, el slasher, aunque ha pasado por momentos de menor popularidad, ha resurgido con nuevas interpretaciones y secuelas de clásicos.
Películas como Halloween Kills (2021), Scream (2022) y X (2022) han revitalizado el subgénero con un enfoque más moderno. Este tipo de películas sigue siendo atractivo porque suelen contar con villanos icónicos y pueden expandirse en franquicias con múltiples secuelas.
Y recordar que para los que queráis escribir una película o serie de terror he escrito un libro que explica cómo. El único especializado en este género. “Escribir el miedo. El guion en el cine de terror”. Un libro repleto de claves, ejemplos y ejercicios para escribir el género más en boga en la actualidad. Lo podéis encontrar en Amazon.
El artículo 720. Terror que vende: El negocio detrás del miedo se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 719. El guion en el cine de terror [NUEVO LIBRO] se publicó primero en David Esteban Cubero.
Hoy estamos de fiesta porque presento mi nuevo libro titulado “Escribir el miedo. El guion en el cine de terror”. El cine de terror se ha multiplicado durante las últimas décadas, superando a todos los demás géneros de películas. Para que os hagáis una idea, en el año en que nací yo, 1970, se hicieron 110 películas de terror. Y en los últimos años, los niveles de producción han superado las 1.500 películas de terror al año. ¿Cómo escribir una película de terror? Lo cuento hoy en el pódcast y en este libro.
Y en la Academia de guion de Guiones y guionistas celebramos esta semana de miedo con un reto nuevo: Escribe un corto de terror en 7 días. Los que se apunten recibirán 7 mails, a lo largo de una semana, con las instrucciones para escribir un cortometraje de terror. Tan solo tenéis que ir a la web cursosdeguion.com en la sección de retos y dejar vuestro mail en el reto de guion de terror. Tenéis que hacerlo antes del 6 de marzo, porque el 7 de marzo comienzo a enviar los mails. Eso sí, hay que ser miembro de la academia.
¿Cómo consigo el libro de “Escribir el miedo”?
Lo primero informarte que puedes encontrar el libro en Amazon.
Y si lo consigues antes de que acabe febrero, doy un enlace para descargarse unas cartas imprimibles para escribir una película de terror. Son 45 cartas divididas en cinco secciones: subgéneros, personajes, localizaciones, tramas y tensiones. Puedes utilizar las cartas para hacer ejercicios y crear tus propias historias de terror. 45 cartas que, en un futuro, espero comercializar como un producto aparte. Os leo la introducción.
Cuando era niño, cada verano acudía al pueblo de mi padre, Gárgoles de Arriba, y, como parte del ritual estival, montábamos nuestra propia silla plegable y nos abrigábamos con una manta para disfrutar del cine de verano. Allí experimenté por primera vez el genuino temor que puede transmitir una pantalla. Fue con El Anticristo, aquella presunta secuela de El exorcista que, en realidad, formaba parte de las muchas imitaciones que siguieron al éxito de la cinta de William Friedkin.
Honestamente, no recuerdo casi nada de la trama: han pasado más de cuarenta años, las escenas se han difuminado en mi memoria, y es posible que no hayan resistido el paso del tiempo. Sin embargo, mantengo vivísimo el recuerdo de cómo me tapaba con la manta para ocultarme de los momentos más escabrosos, de los gritos que compartía con los otros niños, y de ese escalofrío que sentía mientras mi corazón latía con fuerza. Fue la primera vez que comprendí el poder del cine para despertar nuestros miedos más profundos.
Esa experiencia, tan lejana y tan vívida a la vez, fue el punto de partida de mi fascinación por las historias de terror. Me di cuenta de que una simple pantalla al aire libre, proyectando imágenes bajo la noche estival, podía convertirse en una ventana a lo inexplicable. Con el tiempo, esa misma fascinación me llevó a profundizar en cómo se construyen las narraciones que generan sustos y pesadillas. Si aquello que vi no era más que una imitación, ¿qué tan poderosa podía ser la obra original? ¿Y cómo se las arreglan los grandes creadores para prender esa chispa de pánico en el espectador?
Este libro es el resultado de esas preguntas que me han acompañado desde entonces. A lo largo de sus capítulos, te invito a sumergirte en el proceso de escritura de un guion de terror, abarcando desde la historia y la evolución del género —para entender sus raíces y la razón de su éxito constante—, hasta las estrategias narrativas que nos permiten dosificar la tensión, construir personajes inolvidables y diseñar finales que dejen una huella indeleble. Veremos cómo definir una premisa sólida y un miedo central, y estudiaremos los subgéneros, desde el slasher hasta el terror psicológico, para que cada guion encuentre su propia voz.
También examinaremos la psicología del miedo y cómo aprovechar nuestras inseguridades y fobias para conectarnos con la audiencia. Aprenderás a crear monstruos y amenazas simbólicas que no se limitan a dar un susto superficial, sino que representan conflictos sociales o traumas personales. Descubrirás la importancia de la atmósfera, la iluminación y el ritmo de los planos a la hora de narrar en imágenes; y, por supuesto, dedicaremos espacio a la estructura narrativa, con sus picos de tensión y sus momentos de calma que potencian el impacto del horror.
Por último, nos adentraremos en el mercado del terror y en la presentación de proyectos: cómo vender un guion, cómo diseñar un pitch deck, qué productoras y festivales se interesan por el género, y de qué manera se pueden convertir las ideas más escalofriantes en franquicias que perduren en el tiempo.
Si mi primera inmersión en el terror fue refugiarme bajo una manta para no ver ciertos fotogramas, este libro te propone, en cambio, correr esa manta y asomarte a los mecanismos que hacen posible el miedo. Analizaremos tanto a los clásicos como a las producciones recientes, buscaremos nuevas miradas y, sobre todo, practicaremos con ejercicios que te ayudarán a fortalecer tus habilidades como guionista de terror. Porque el miedo es una experiencia tan antigua como la humanidad y, sin duda, un sentimiento que nos une por igual en una sala de cine o en un cine de verano, con la noche estrellada como testigo.
Ahora te invito a comenzar este viaje. Puede que en el camino descubras miedos que no sabías que tenías. Puede incluso que, al final, no quieras volver a taparte con la manta, sino adentrarte de pleno en las sombras que laten detrás de cada guion de terror.
Os leo la contraportada del libro:
Transforma el miedo en palabras y el suspense en imágenes
¿Cómo diseñar historias que provoquen auténtico pavor?
¿Qué miedos colectivos y personales alimentan el género?
¿Cómo escribir guiones que jueguen con la sugestión, la tensión y el horror?
¿Qué técnicas narrativas convierten el miedo en una experiencia inolvidable?
Este libro explora las claves esenciales para escribir guiones de terror, desde la psicología del miedo hasta la construcción de personajes memorables y la creación de atmósferas inquietantes.
Y el libro viene con un bonus que podrán descargarse los compradores, tanto los que lo compren en digital como los que lo hagan en papel.
Mientras escribía el libro se me ocurrió que para entrenarse en la creación de historias de terror podría diseñar unas cartas con los conceptos del libro. Son 45 cartas divididas en cinco secciones: subgéneros, personajes, localizaciones, tramas y tensiones.
Están en un PDF que los compradores del libro podrán descargarse. Después solo hay que imprimirlas y cortarlas para tenerlas operativas. Estarán disponibles para los que lo compren en durante este mes de febrero.
Si quieres echar un ojo a la portada y contenido del libro antes de comprarlo, puedes hacerlo en Amazon.es, si estás en España, o Amazon.com, para el resto del mundo.
El artículo 719. El guion en el cine de terror [NUEVO LIBRO] se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 718. Tendencias de guion en 2025 según la Black List se publicó primero en David Esteban Cubero.
¿Qué películas se escriben en la actualidad? ¿Cuáles son las tendencias de guion en 2025? Hoy en Guiones y guionistas os voy a contar cuáles son las tendencias de los guionistas en la actualidad, pero no basándome en las películas estrenadas, sino en la Black List, que son los grandes guiones que no han sido rodados.
Hace semanas hice una masterclass en el que explicaba el trabajo de un guionista en un proyecto para una plataforma de streaming. Es una masterclass que gustó mucho. Pero hubo algunos que me pidieron algo más específico para relacionarse con estas empresas, por lo que he creado la Masterclass “Cómo tratar con Plataformas”. Una masterclass en la que explico el decálogo que debemos seguir para tratar con las empresas de streaming. Tratamos elementos como la importancia de proteger tu IP. Ya está disponible para todos los suscriptores de la academia de cursos.
¿Qué películas escribir en 2025? ¿Cuáles son las tendencias del mercado? ¿Cuáles son los géneros que los mejores guionistas están escribiendo en la actualidad? Para resolver estas preguntas decidí analizar, no las películas que salieron el año pasado, sino los guiones de la Black List.
La Black list es una plataforma con una base de datos internacional a la que guionistas de todo el mundo pueden subir sus obras en inglés. Dichos guiones pueden ser consultados por más de 3.000 empleados de productoras de Hollywood y de fuera de Estados Unidos que buscan esos buenos guiones.
Fue creada por pura necesidad por Franklin Leonard cuando era director de desarrollo de la productora de Leonardo di Caprio. Él necesitaba buscar buenos guiones y pensó cómo podría valorar esos guiones de una forma más objetiva
Entonces se le ocurrió enviar un mail a sus colegas de otras productoras pidiéndoles elegir de manera anónima los diez mejores guiones que habían leído recientemente y que por alguna razón no habían sido elegidos para ser convertidos en películas.
Hubo 93 guiones mencionados en las respuestas. Leonard recogió los resultados, hizo un ranking basado en el número de menciones que cada guion había recibido y mandó la lista a todos sus contactos desde una dirección de correo electrónico anónima.
Así nació la primera «Black List», que se popularizó rápidamente. Y cada vez tuvo más relevancia porque muchos de los guiones que aparecieron en ella se convirtieron en filmes exitosos, aplaudidos por la crítica y el público.
Desde su primera publicación en 2005, más de 300 guiones se convirtieron en películas que recaudaron 26 mil millones de dólares en todo el mundo, fueron nominadas a 265 premios Oscar y ganaron 48 estatuillas. Entre ellas se encuentran incluso algunas ganadoras del Oscar a mejor película, como Slumdog Millionaire, El discurso del rey, Argo y Spotlight y diez de los últimos 20 Oscar a mejor guion.
La Black List 2024 ofrece un interesante panorama de los temas, géneros y enfoques narrativos que están captando la atención de la industria cinematográfica en este momento. A partir del informe, con 60 títulos, he identificado varias tendencias clave:
DESCARGAR Informe de la Black List 2024
Se observa una fuerte presencia de thrillers psicológicos y de terror, con enfoques variados que incluyen horror psicológico, ciencia ficción y hasta sátira social. Algunos ejemplos de claves:
El cine de terror sigue explorando la intersección entre lo psicológico y lo sobrenatural, con un énfasis en el horror cotidiano y los dilemas morales.
El auge de la IA se refleja en varias historias que exploran sus riesgos y dilemas éticos:
Estas historias reflejan la creciente preocupación sobre el impacto de la IA en la sociedad, con un enfoque más cercano a lo filosófico ya la paranoia tecnológica.
La lista incluye un gran número de relatos centrados en personajes femeninos con tramas diversas y complejas:
Esta tendencia muestra un creciente interés por explorar la psicología femenina desde ángulos más profundos, a abarcar desde el drama hasta el thriller y la sátira.
El género basado en hechos reales sigue siendo fuerte, pero con un enfoque innovador en historias menos convencionales:
Estas películas se alejan de los biopics tradicionales sobre figuras históricas y buscan contar historias más peculiares con relevancia cultural.
Varias películas abordan de manera crítica la cultura del consumismo, el capitalismo extremo y la desigualdad social:
Este tipo de sátiras siguen la línea de películas como The Menu , Triangle of Sadness o Sorry to Bother You , mostrando un interés en explorar la desigualdad de manera entretenida y provocadora.
El romance sigue siendo un género fuerte, pero con enfoques más originales y oscuros:
En lugar del romance tradicional, las historias exploran obsesiones, identidad y las dificultades del amor en la era moderna.
El panorama de la Black List 2024 muestra que Hollywood sigue buscando historias con un fuerte impacto psicológico y social. Las tendencias más marcadas incluyen:
Esta lista destaca una tendencia hacia narrativas más atrevidas y menos convencionales, lo que sugiere un interés por historias que desafíen los géneros tradicionales y exploren nuevas formas de contar historias en la pantalla grande.
El artículo 718. Tendencias de guion en 2025 según la Black List se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 717. Técnicas de inicio: Racconto se publicó primero en David Esteban Cubero.
¿Qué tienen en común, películas como Titanic, Big Fish o La Princesa Prometida? Que comienzan con una narración en racconto. ¿En qué consiste el racconto y en qué se diferencia del flashback? ¿Qué pasos debemos dar para escribir una película con racconto? Hoy volvemos a las técnicas de inicio con un recurso que bien usado puede conseguir resultados increíbles: el racconto.
Hace semanas hice una masterclass en el que explicaba el trabajo de un guionista en un proyecto para una plataforma de streaming. Es una masterclass que gustó mucho. Pero hubo algunos que me pidieron algo más específico para relacionarse con estas empresas, por lo que he creado la Masterclass “Cómo tratar con Plataformas”. Una masterclass en la que explico el decálogo que debemos seguir para tratar con las empresas de streaming. Tratamos elementos como la importancia de proteger tu IP. Ya está disponible para todos los suscriptores de la academia de cursos.
Un racconto es una técnica narrativa en la que la historia se cuenta en un extenso flashback que ocupa la mayor parte del relato, generalmente enmarcado dentro de una narración en el presente. Es un recurso frecuente en el cine y la literatura para explorar el pasado con una perspectiva reflexiva, emocional o reveladora.
En un racconto, la historia del pasado se convierte en el eje central de la trama, mientras que la historia enmarcada en el presente sirve como punto de partida y cierre. Ejemplos icónicos incluyen Titanic (1997), donde Rose anciana relata su experiencia en el barco, o Big Fish (2003), donde el hijo reconstruye la historia de su padre a través de sus relatos fantásticos.
La diferencia fundamental entre un racconto y un flashback radica en la extensión y la función dentro de la estructura narrativa. Un flashback es un regreso breve al pasado dentro de una historia mayormente lineal. Se usa para proporcionar información clave sobre un personaje o su motivación, pero la trama principal sigue desarrollándose en el presente.
En cambio, un racconto invierte esta relación: el pasado se convierte en la historia principal, mientras que el presente funciona como marco narrativo. Un ejemplo de flashback bien usado es El Padrino II (1974), donde se intercalan momentos del pasado de Vito Corleone con la historia presente de su hijo Michael, pero sin que la narración del pasado domine toda la película.
Otro aspecto diferenciador es el impacto emocional y estructural. En un flashback, el objetivo es completar información sin alterar demasiado la progresión de la historia principal. En un racconto, la historia del pasado cobra un peso emocional que suele resignificar el presente cuando se regresa a él al final del relato.
En Los Puentes de Madison (1995), por ejemplo, la narración del romance de Francesca con Robert en el pasado cambia la perspectiva que sus hijos tienen sobre su madre, alterando incluso sus propias vidas. El pasado no es solo un recuerdo, sino una experiencia que transforma a quienes la descubren.
Finalmente, el racconto tiende a crear una sensación de ciclo narrativo, ya que la historia del pasado y la del presente están conectadas de manera simbólica o emocional. En La Princesa Prometida (1987), el abuelo lee un cuento a su nieto enfermo, y aunque en un principio el niño no está interesado, al final ha cambiado su actitud y pide que se lo vuelvan a leer, cerrando la historia con una resonancia emocional. Este tipo de estructura no es común en los flashbacks, que suelen ser fragmentos informativos sin una conexión tan fuerte con la historia principal. Así, el racconto se diferencia no solo en su extensión, sino también en su profundidad temática y emocional.
El racconto siempre tiene un marco narrativo que justifica la narración del pasado. Puede ser un personaje contando la historia a otro (como en Titanic, donde Rose anciana relata su experiencia en el barco), la lectura de un diario (El Curioso Caso de Benjamin Button), o un cuento dentro de la historia (La Princesa Prometida, donde un abuelo lee un libro a su nieto). Este marco es esencial porque establece el punto de vista desde el que se va a contar la historia y permite jugar con la percepción del espectador.
La historia enmarcada puede servir como contraste con la historia del pasado, generando una capa de interpretación adicional. En Big Fish, por ejemplo, la narración del padre y la investigación del hijo sobre la verdad detrás de esos relatos crean una dinámica emocional en la que el espectador se pregunta qué es real y qué es exageración. Este marco no solo introduce la historia, sino que también le da un cierre, aportando una sensación de ciclo completo.
El racconto altera el orden cronológico natural de los hechos, llevando al espectador del presente al pasado de manera extendida. A diferencia de un flashback breve, el racconto se adentra en una estructura más compleja donde el grueso de la película transcurre en el pasado, con ocasionales regresos al presente para reforzar la historia enmarcada.
Un buen ejemplo es Los Puentes de Madison, donde los hijos de la protagonista descubren la historia secreta de su madre a través de cartas y recuerdos, revelando un amor oculto que cambia su percepción de ella. En este tipo de narración, el espectador suele experimentar la historia del pasado como si fuera la principal, olvidándose momentáneamente de que está siendo contada desde otro punto temporal.
En la mayoría de los raccontos, la historia del pasado nos llega a través de un narrador que, por definición, es subjetivo. Puede ser un personaje que cuenta su propia vida (Titanic con Rose, Benjamin Button con su diario) o alguien que transmite una historia que escuchó (Big Fish con los relatos del padre). Esta subjetividad es crucial porque le da matices emocionales y, en algunos casos, juega con la confiabilidad del narrador.
En Big Fish, la historia se filtra a través de la visión fantástica del protagonista, lo que hace que los eventos narrados tengan un tono de fábula, incluso cuando la historia enmarcada en el presente trata de descubrir la «verdad». Este uso de la subjetividad permite a los guionistas jugar con la percepción del espectador y, en algunos casos, desafiar la idea de que la verdad es absoluta.
Uno de los aspectos más interesantes del racconto es cómo el pasado influye en el presente. La historia enmarcada no está ahí solo como pretexto, sino que suele evolucionar a medida que se cuenta la historia del pasado. Esto permite que los personajes del presente cambien su percepción sobre los eventos o incluso sobre sí mismos.
Por ejemplo, en Los Puentes de Madison, el racconto no solo revela la historia de amor de Francesca, sino que también afecta la decisión de sus hijos en el presente. En Titanic, la narración de Rose no solo revive la historia del barco, sino que también le da un cierre emocional a su vida. Esta interconexión entre pasado y presente refuerza el impacto de la historia y le da un sentido más profundo.
Un racconto bien ejecutado suele cerrar con un retorno al presente que resignifica todo lo narrado. No se trata solo de un final, sino de una reafirmación de los temas y emociones que la historia ha explorado. En muchas películas, el final del racconto deja un impacto en la historia enmarcada, transformando a los personajes o dándoles una nueva comprensión de lo que vivieron.
En Titanic, después de contar su historia, Rose lanza el collar al mar, simbolizando que finalmente deja atrás ese capítulo de su vida. En Big Fish, el hijo termina aceptando la visión de su padre y se convierte en el nuevo narrador de sus historias. En La Princesa Prometida, el nieto, que al principio estaba desinteresado en el cuento, termina pidiendo que se lo vuelvan a leer. Estos cierres no solo cierran la historia, sino que refuerzan su mensaje y dejan una fuerte carga emocional en el espectador.
Antes de comenzar a escribir, el guionista debe preguntarse:
Por ejemplo, en Titanic, la historia necesita ser contada desde el presente porque el punto de vista de Rose anciana le da un tono nostálgico y permite contrastar la juventud y la vejez. Sin esta estructura, la historia perdería parte de su carga emocional.
El racconto necesita un marco narrativo sólido que justifique por qué el pasado está siendo contado. Este marco puede ser:
El presente debe tener una razón de ser. En Big Fish, el hijo necesita entender a su padre antes de que muera, lo que da sentido a la estructura en racconto. Si el presente no tiene relevancia, el riesgo es que se convierta en un simple pretexto en lugar de un elemento narrativo significativo.
Una vez establecido el marco narrativo, el guionista debe diseñar la historia principal, la que transcurre en el pasado. Para ello, debe responder:
En Los Puentes de Madison, el pasado se centra en los cuatro días de amor entre Francesca y Robert. En Titanic, el pasado recorre toda la historia de amor de Jack y Rose hasta el hundimiento del barco. Es crucial decidir qué eventos del pasado son relevantes para la historia enmarcada.
El racconto no es solo una historia del pasado, sino un juego entre dos líneas temporales. Para integrarlas bien, el guionista debe preguntarse:
Por ejemplo, en Titanic, la narración regresa ocasionalmente al presente para mostrar la reacción de los exploradores y Rose anciana, lo que mantiene al espectador consciente de la historia enmarcada. En Big Fish, el hijo cuestiona los relatos del padre, generando tensión entre ambas líneas temporales.
El momento en que se introduce el pasado debe ser orgánico y claro. Algunas formas efectivas de transición son:
Estas transiciones deben sentirse fluidas, sin que la entrada al pasado sea abrupta o confusa. Si la historia enmarcada desaparece durante demasiado tiempo, el espectador podría olvidarla o sentirla desconectada.
A lo largo del racconto, el guionista debe asegurarse de que haya consistencia entre lo que el narrador cuenta y lo que el espectador ve. Si el narrador es subjetivo o poco confiable, eso debe reflejarse en la forma en que el pasado es representado.
Por ejemplo, en Big Fish, la exageración de los eventos narrados refleja el punto de vista fantástico del padre, mientras que el hijo intenta contrastarlo con la realidad. Este tipo de detalles enriquecen la historia y le dan más profundidad.
El final del racconto debe impactar tanto la historia del pasado como la del presente. Algunas formas de hacerlo son:
Este cierre es lo que diferencia un buen racconto de un simple flashback extendido. Si el pasado no cambia la percepción del presente, la estructura no ha sido bien utilizada.
Escribir un racconto implica más que contar una historia del pasado: requiere una estructura sólida donde el presente y el pasado estén conectados emocional y narrativamente. Un guionista debe planificar bien la relación entre ambos tiempos, decidir cómo transitar entre ellos y asegurarse de que el cierre le dé un significado profundo a toda la historia. Si estos elementos se trabajan bien, el racconto puede ser una herramienta poderosa para darle a una película una carga dramática y emocional inolvidable.
El artículo 717. Técnicas de inicio: Racconto se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 716. Excusas de Guionistas: ¿Por qué no estás escribiendo ese largo? se publicó primero en David Esteban Cubero.
“No tengo la idea perfecta.” “Primero necesito leer más sobre estructura.” “No estoy listo todavía, me falta experiencia.” Los guionistas somos expertos en buscarnos excusas para procrastinar. De las excusas de guionistas, ¿cuál es tu favorita? En este pódcast, exploraremos 25 de las excusas más comunes que los guionistas utilizamos para evitar empezar a escribir un largometraje y cómo superarlas. Estoy seguro de que te van a sonar más de lo que crees.
Antes de la enfermedad, te voy a dar la receta. Es decir, te voy a contar la mejor forma de dejar esas excusas y lanzarte a escribir. Apúntate a la nueva edición de “Operación Vomit Draft. Escribe tu película o serie en 90 días”. Un taller en el que te ayudaré cara a cara a escribir tu proyecto de largometraje o serie. Cada semana a semana os presento un vídeo con lo que debéis hacer y un PDF con ejercicios. Y tenemos un encuentro cara a cara donde resuelvo vuestras dudas y compartimos la historia. Un taller pensado para que por fin puedas terminar tu guion. Comenzaremos el taller la primera semana de febrero y tiene plazas limitadas.
Escribir un guion de largometraje es uno de los mayores retos que enfrenta un guionista. Sin embargo, antes incluso de enfrentarse al primer acto, muchos se encuentran atrapados en un ciclo de excusas que les impiden dar el primer paso.
Estas excusas no solo reflejan miedos e inseguridades, sino también la complejidad y el compromiso emocional que requiere embarcarse en un proyecto tan grande. En este podcast, exploraremos 25 de las excusas más comunes que los guionistas utilizan para evitar empezar a escribir un largometraje y cómo superarlas.
Y el mejor método para superar esas excusas: Apúntate a Vomit Drat
El artículo 716. Excusas de Guionistas: ¿Por qué no estás escribiendo ese largo? se publicó primero en David Esteban Cubero.
El artículo 715. Los cuatro borradores de un guion se publicó primero en David Esteban Cubero.
Hoy en Guiones y guionistas vamos a sumergirnos en un tema que todos los guionistas enfrentamos: los cuatro tipos de borradores de un guion necesarios para llevar una historia desde la idea inicial hasta la versión final. Estoy hablando del vomit draft, el estructural, el pulido y el de rodaje. Cada uno tiene un propósito: […]
El artículo 715. Los cuatro borradores de un guion se publicó primero en David Esteban Cubero.